Pato a la naranja (#microrrelato)

P05M_02Cecilia aún no había llegado. Se estaba retrasando. Mucho. Demasiado. Empezaba a estar incómodo, jugueteando con el tenedor mientras pensaba qué podría hacerle llegar tarde hoy. Precisamente hoy. Nuestro día.

La mesa llevaba dos horas puesta, las dos horas de cocina que me había costado el maldito pato a la naranja que, minuto a minuto, perdía su valor, esperando en un cuenco floral, junto al resto de comida. Estaba a un paso de tirarlo todo y mandarla a la mierda.

¡Ring! ¡Ring! El teléfono suena y me dirijo corriendo a cogerlo, con el corazón en un puño.

– ¿Diga?

Una voz apresurada pero firme me pregunta:

– ¿Es usted el marido de Cecilia Martín Blanco?

El mundo se para, mi garganta enmudece, las palabras se ahogan, la angustia me bloquea. No quiero oír lo que sigue, no quiero vivir lo que sigue, no quiero asomarme al abismo. Quiero que el tiempo se pare. Quiero que nada cambie.

Pero la inercia y el miedo arrastran un tímido – Sí – de mi garganta.

Silencio. La línea chisporrotea, muero de nervios, la misma voz firme vuelve:

– ¿Puede bajar al portal? La limusina está esperando. Cortesía de Doña Cecilia.

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