Los almendros (#poema)


Los almendros se visten de novia,

¡qué hermoso juego!

Sus vestidos con celo guardaban

entre sus dedos.


Pasan las horas, llega la tarde.

Nadie ha venido a verlos.

Tristes y solos están los almendros

al caer la fría noche,

oscureciendo aún más sus anhelos.


Llorando saludan al nuevo día,

perlando sus vestidos nuevos.

Bellos están los almendros pero

¿quién lo sabe si nadie ha de verlos?


Más pronto, al atardecer

viene el consuelo.

Encuentran sin buscar

el brillo en los ojos de los niños,

la sonrisa de sus padres,

los besos de los enamorados,

los versos del poeta.


Ríen los almendros

agitan sus ramas

bailan libres, sin límites.

Así olvidan que su belleza

es fugaz e intensa,

como un robado beso.


Bien saben que el viento,

fugitivo amante,

con sus caricias constantes

acabará por deshacer lo hecho.


Quedan desnudos los almendros

y entre sus dedos

empiezan a tejer

lentamente

un vestido nuevo.

En primavera volverán las nupcias.

Y las sonrisas.

Y los besos.


Créditos: foto cedida por Araceli Hernández

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