El Metro de París

El Metro de París es un animal salvaje que te transporta a toda máquina por las entrañas de la ciudad.
El Metro de París frena y arranca brusco y abre sus puertas antes de parar para escupir y tragar sus habitantes a mayor velocidad. El tiempo es oro en la ciudad del amor.

El Metro de París no tiene aire acondicionado y sus ventanas abiertas convierten en aviadores a sus habitantes a pie y en pasajeros con ventanilla a los que están sentados.
El Metro de París es una plaza donde se sientan muy pegados el businessman y el inmigrante ilegal, la chica del vestido de flores y el pordiosero.
El Metro de París es la terraza de un café donde la gente mira con detalle pero con disimulo los quehaceres de los viandantes.
El Metro de París es una yinkana para turistas, un laberinto, un chiste de fina ironía parisina.
El Metro de París transporta sueños, ojos que brillan, risas silenciosas y amantes en tránsito.
En el Metro de París es la vida, donde importa más el trayecto que la estación de destino.

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